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miércoles, 16 de julio de 2014

La Falera de Fuentestrún




Autor: Juan Francisco Martínez Val
Fotografías: propiedad del Museo Numantino (Alejandro Plaza)


       En la sala del bajo Imperio del Museo Numantino podéis ver esta maravillosa pieza arqueológica.
            Las dimensiones de la pieza son: 11,9 cm. de alto, anchura variable entre 8,1 y 8,9 cm., y 0,5 cm. de grosor. Su peso es de 176 gramos.
Tiene una forma rectangular vertical, con una estructura calada formada por cuatro grandes anillas angulares, y varios vástagos, dos de ellos sogueados, y está decorada con una cara en su centro.
            La representación es un relieve de medio bulto, que parece sobresalir de una placa, cuyo contorno está recortado de forma zigzagueante. La cara tiene una forma ovalada, de semblante serio, con ojos semicerrados desiguales, más grande el derecho, nariz recta, boca pequeña y barbilla puntiaguda. En su perfil se observa algo rehundida la zona superior de los pómulos en su enlace con la cuenca de los ojos.
Esta falera está fabricada en bronce por el denominado método de fundición a la cera perdida, en el que el metal líquido a alta temperatura sustituye a la cera que encierra el molde. Luego, está retocada a buril, para hacer las incisiones que simulan el pelo de la cara y el sogueado de los vástagos laterales. La parte posterior tiene una terminación irregular y poco cuidada, ya que la pieza no estaba destinada a ser vista por detrás.
            Las faleras son piezas funcionales de los arneses y atalajes de los caballos, con una forma ornamental. En ellas, se reune una sujeción múltiple de correajes, mostrando un alto nivel técnico, tanto en su factura como en su estructura.
La decoración de este tipo de piezas denota que no eran objetos meramente utilitarios, sino que llegaban a considerarse un símbolo de prestigio, revelando, así, un cierto status social. Según las investigaciones de Ángel Fuentes, sus poseedores eran un grupo social cultivado, amante de las actividades nobles relacionadas con el caballo, animal de considerable importancia en la sociedad hispano-romana del momento.
            Se conservan varias faleras similares a la de Fuentestrún, como la del Instituto Valencia de Don Juan, procedente de Segovia, la de la Colección Vigueira de Villagarcía de Arosa, la de la Colección Lázaro Galdeano, la de la Colección Romás del Museo Arqueológico Nacional, procedente de Jaén, una procedente de Tarragona y otra de Camparañón (Soria). Ésta última se expone en el Museo Numantino, junto a la de Fuestestrún y otra de Valdanzo (Soria), ésta sin decoración figurada.
Según Clarisa Millán, el origen de las faleras se situa en el Norte y en el Oriente de Europa y, aunque ya se encuentran representadas en algunos vasos griegos, es con los romanos con quienes alcanzan un uso mayor.
Para Pedro de Palol, todas estas piezas de los arneses de los caballos,  que se engloban bajo el epígrafe de bronces tardo-romanos, tienen una cronología muy definida en la segunda mitad del siglo IV e inicios del siglo V. Además, los hallazgos de estas piezas se dispersan por un área que coincide con una amplia zona de latifundios, o grandes extensiones de terreno, tardo-romanos, de elevado nivel social, repartidos, principalmente, por el Norte de Hispania.
Y, probablemente, son piezas fabricadas en talleres locales, pues, al igual que en los siglos inmediatamente anteriores se producen muchas importaciones, durante el bajo imperio, éstas se reducen en favor de la elaboración indígena, aunque con numerosas influencias del resto del mundo romano, y con un marcado enraizamiento en lo clásico.
Por ello, lo más acertado es pensar que esta falera se fabricó hacia finales del siglo IV, en un taller situado en las inmediaciones de Fuentestrún, en relación con un asentamiento hispano-romano, que, quizás, se pueda identificar con los momentos iniciales de ocupación, ya que, como indica Isabel Goig, el origen del pueblo pudo deberse al establecimiento de una villa romana en este lugar.
Como siempre un especial agradecimiento a Don Elías Terés director del Museo Numantino por su especial colaboración.



viernes, 11 de julio de 2014

Pollo escabechado

El escabeche es un método de conservación tradicional que permite alargar la vida de los alimentos a base de cocinarlos con aceite, vinagre y diferentes especias. El vinagre es un conservante muy efectivo al inhibir el crecimiento de microbios.


La verdad es que existen muchas recetas de como escabechar, en cada zona, en cada pueblo e incluso en cada familia se realiza de una manera. Aquí os dejo la manera de escabechar que me ha enseñado mi madre, y que a ella le enseño la suya, mi abuela y os puedo asegurar que la dos han sido buenas cocineras.



Ingredientes:
     Pollo
     Aceite de oliva
     Vinagre
     Pimienta negra en grano
     Laurel
     Sal



Elaboración:

Troceamos el pollo y sazonamos al gusto. Después lo vamos friendo en una sartén a fuego medio. Según lo vamos friendo lo vamos introduciendo en una cazuela.


Cuando ya tenemos todo el pollo frito, echamos en la cazuela la pimienta negra en grano (un bote por pollo), unas hojas de laurel (al gusto), aceite y vinagre. La proporción a echar de aceite y vinagre es dos de aceite por una de vinagre, se echa en la cazuela hasta cubrir el pollo de la cazuela.


Después se pone la cazuela a fuego medio y se deja  de 15 a 20 minutos desde que empieza a hervir. Se deja enfriar y ya esta listo para degustar ¡que aproveche!